Qué ver en Bangkok en grupo: la city que te cambia el ritmo para siempre
Bangkok no se explica. Bangkok se vive. Y si lo haces con tu grupo, mejor todavía. Aquí te cuento lo que de verdad merece la pena y lo que no sale en Google.
Los templos que tienes que ver sí o sí
Antes de ir pensaba que los templos serían un rollo. Acabé visitando siete en cinco días. El Gran Palacio te deja con la boca abierta nada más cruzar la entrada: agujas doradas, mosaicos de colores, demonios guardianes que parecen sacados de un videojuego. Todo brilla tanto que dan ganas de ponerse gafas de sol hasta dentro.
A diez minutos andando tienes el Wat Pho, con el buda reclinado de 46 metros. Cuando estás a su lado parece que el templo se queda pequeño. Y el Wat Arun es el favorito de todo el grupo: ve al atardecer, sube las escaleras empinadas y cuando llegas arriba y ves el río Chao Phraya con el sol cayendo… eso no se olvida.
Consejo que no encontrarás en las guías: llévate un pareo o camiseta de repuesto. En los templos hay que taparse hombros y rodillas. Sí, hace un calor brutal. Pero no te la juegues con los pantalones pirata que venden en la entrada y que se rompen a los diez minutos.
Mercados flotantes: caos, color y cocos por un euro
El Damnoen Saduak es el más famoso. Barcas de madera en canales estrechos, señoras ofreciéndote mango sticky rice desde sus cocinas flotantes y tú esquivando a los tailandeses que reman como si fueran pilotos de Fórmula 1. Una pequeña locura, pero divertidísima.
Si buscas algo más local, el mercado de Amphawa abre por la tarde. La estrella es el marisco a la parrilla. Te sientas en unas escaleritas junto al canal con tu grupo, pides gambones y un pad thai por dos euros, y ves el atardecer mientras las luciérnagas empiezan a encenderse.
El truco: negociad el precio de la barca entre todos. Cuantos más seáis, más barato por cabeza. Y no tengáis prisa. Los mercados flotantes son para perderse.
Street food en Bangkok: el verdadero lujo tailandés
Spoiler: vas a comer mejor en un puesto callejero que en cualquier restaurante con estrella Michelin. La street food de Bangkok es una religión. En cada esquina hay un carrito humeante, alguien friendo algo que huele a gloria y una cola de locales que saben de qué van.
Lo que no puedes irte sin probar: pad thai en Thip Samai (el original, no la versión para turistas), som tam con papaya verde que te pica hasta las pestañas, mango sticky rice con coco y los satays de pollo de cualquier carrito al azar. El precio medio de una comida completa: entre uno y tres euros.
En grupo es todavía mejor porque pedís de todo y lo compartís. Así probáis el doble y gastáis la mitad.
Khaosan Road y la vida nocturna: la noche que nunca acaba
Khaosan Road tiene mala fama de turística. Y sí, lo es. Pero hay algo en sus luces de neón, sus mojitos en cubo y su mezcla de mochileros de todo el mundo que lo hace completamente adictivo, al menos una noche.
Si quieres algo más local, el barrio de Silom tiene bares para todos los gustos. Y si buscáis rooftop bar, el Sky Bar del State Tower (el del Hangover 2) es un pelín caro pero la vista merece la foto.
Lo mejor de la noche en Bangkok en grupo: que siempre hay alguien con energía. Siempre. A las 3am hay quien propone ir a comer ramen y en cinco minutos el grupo al completo está en un callejón pidiendo cuencos humeantes.
Cómo moverse por Bangkok: el tuk-tuk no es la única opción
El BTS Skytrain es la forma más eficiente de moverse. Limpio, puntual y barato. El MRT subterráneo cubre otra parte de la ciudad. Juntos llegan a casi todo lo que quieres ver.
Los tuk-tuks son para el trayecto corto o para la foto, que tampoco hay que engañarse. Negociad siempre el precio antes de subir. Y los barcos del río Chao Phraya son una manera fantástica de ver Bangkok desde el agua y evitar el tráfico, que es… memorable.
En grupo, los Grab (el Uber tailandés) salen muy baratos dividiendo entre todos. Perfectos para los trayectos nocturnos o cuando cargáis con bolsas de compras.
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