Viajar a Corea del Sur: lo que nadie te cuenta (y deberías saber)
Todo el mundo habla de Corea del Sur como el destino del K-pop. Y sí, el K-pop está ahí. Pero quedarse solo con eso es como ir a España y decir que solo hay paella y flamenco.
Mito 1: necesitas hablar coreano para moverte
Falso. Rotundamente falso. Las ciudades principales tienen señalización en inglés, el metro de Seúl tiene las instrucciones en cuatro idiomas y con un teléfono con datos y Google Translate te apañas en cualquier situación.
Lo que sí es verdad: los coreanos mayores a veces no hablan inglés. Pero son tan amables que cuando ven a turistas perdidos se ponen a hacer mímica, te muestran el camino en el mapa o directamente te acompañan. Sin que se lo pidas. Eso sí que no sale en los folletos.
La eSIM con datos ilimitados es tu mejor inversión del viaje. Con ella tienes el traductor siempre a mano y nunca te quedas incomunicado.
Seúl: mucho más que K-pop y rascacielos
Seúl es enorme. Demasiado para verla en un día, insuficiente para aburrirte en una semana. El Palacio Gyeongbokgung es el icono por excelencia: llega pronto por la mañana para evitar las colas y quédate a ver el cambio de guardia, que es puro espectáculo.
El barrio de Hongdae es el corazón joven de la ciudad: calles llenas de arte urbano, cafeterías con temáticas imposibles, tiendas vintage y música en directo en cada esquina. Perfecto para una tarde sin plan.
Y el DMZ, la zona desmilitarizada entre las dos Coreas, es una de las experiencias más impactantes que puedes tener. No es turismo morboso: es historia real, a 50 kilómetros de la capital, que te hace entender el país de otra manera.
Jeonju: el pueblo que no cambió
Si Seúl es el presente de Corea, Jeonju es su memoria. El barrio de hanoks tradicionales es el mejor conservado del país: más de 700 casas de madera con tejados curvados, callejuelas de piedra y el olor a canela y jengibre de los puestos callejeros.
Aquí es donde se inventó el bibimbap, el plato más famoso de Corea. Pruébalo en uno de los restaurantes familiares del barrio, no en el de la guía turística. La diferencia es brutal.
Jeonju es perfecta para una noche: dormir en un hanok, levantarse temprano antes de que lleguen los tours y pasear por las calles vacías con el vapor del desayuno en la mano. Eso es lo que no sale en Instagram.
Busan: playa, mercado y vida a otro ritmo
Busan es la segunda ciudad de Corea y tiene una energía completamente diferente a Seúl. Más relajada, más costera, con un carácter propio que te entra por los ojos nada más bajar del tren.
El mercado de Jagalchi es el mayor mercado de pescado del país. Llegas, eliges lo que quieres de los puestos de la planta baja y te lo cocinan en el piso de arriba. El marisco más fresco que vas a probar en tu vida, y a precios que no te creerías.
Gamcheon, el pueblo colorido encaramado en la ladera, es la foto de Busan. Casas pintadas de todos los colores, callejuelas estrechas, murales por todas partes y vistas al mar entre los tejados. Spoiler: es tan bonito en persona como en las fotos.
La comida coreana: el verdadero motivo para ir
El coreano medio come entre cuatro y seis platos en cada comida. No es exageración: los banchan, los platillos de acompañamiento, van llegando a la mesa solos. Kimchi, namul, japchae… y eso es solo el principio.
El samgyeopsal, la panceta a la parrilla en mesa, es el plan perfecto para cenar en grupo. Cada uno asa su propia carne, la envuelve en hoja de sésamo con pasta de pimiento y ajo, y se la mete en la boca de un bocado. Hay que verlo para creerlo, y hay que probarlo para entender por qué Corea del Sur es uno de los mejores destinos gastronómicos del mundo.
¿Te apetece verlo de verdad? En flyme organizamos un viaje a Corea del Sur que incluye Seúl, Jeonju, Busan y Gyeongju. Todo montado, grupo reducido, eSIM incluida. Échale un ojo aquí.